HUI PARLEM AMB.. ALBERTO RAMIREZ MARTÍNEZ. Cultivando la música desde pequeño

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Rodeado de un buen caldo de cultivo

«Desde bien pequeño he vivido sumergido en el mundo de la música, y muy en especial en el de la música para banda. Crecí alternando muchos fines de semana visitando a la familia de mis padres en Buñol y Llíria, con este caldo de cultivo rodeado de primos y tíos músicos, fue muy fácil quedar impregnado de este arte que, de forma inconsciente a la par que natural, tanto nos atrae y cautiva cuando todavía somos infantes: la música (consonancia).
Todo comenzó en Buñol cuando tenía siete años; yo quería tocar la flauta y mi hermano Andrés, el saxo. Posteriormente, como solía pasar en el mundo de las bandas, acabamos tocando cada uno un instrumento diferente (disonancia). Todo esto fue en un principio, cuando mis tíos nos preparaban a mi hermano y a mí, para examinarnos por libre en el salón de actos de San Esteban, aun recuerdo las cinco butacas que me separaban de mi hermano en aquellos exámenes con tan solo siete años (consonancia). Así fue como en mi infancia viví la experiencia de realizar durante dos años seguidos los exámenes por libre de primer y segundo curso, con nueve años ingresé en el conservatorio de Torrente para poder afrontar el resto de cursos, pero lamentablemente los horarios y la distancia al conservatorio hizo que mi primera incursión en la música finalizara aquí (disonancia).
La segunda y definitiva llegó de la mano de la sociedad musical Círculo Instructivo Musical de Xirivella. Con doce años retomé los estudios en la que es mi banda, comenzando con el requinto para proseguir más tarde con el clarinete. Comencé de nuevo todos los cursos hasta ingresar en el grado profesional de clarinete y, más tarde, en el grado superior de composición (consonancia).»


Numerosas y variadas vivencias


«Tanto en la etapa de estudiante como ahora en la faceta como docente, cada día estás expuesto a vivir una nueva anécdota para contar en el futuro. Son tantas las vividas… Desde ir a estudiar los fines de semana al local de ensayo de la banda con compañeros y quedarnos encerrados porque había cerrado el bar por el que teníamos acceso. Otra más específica, en cuanto a lo musical, y estoy seguro de que le ha ocurrido a más gente, fue resistir a una zapatilla que tiene el don abandonar el clarinete en mitad de un concierto solista. Pero lo que realmente parece anecdótico cuando hablo de experiencias con mis alumnos es que, en un ámbito más distendido, haya extrapolado la música para convertirla en mi hobbie. Comencé a tocar de forma paralela la batería y también la guitarra, pero finalmente me decanté por el bajo eléctrico. He tocado en festivales de bandas de rock, compartiendo escenario con Barricada, Obús y algunos otros menos conocidos, pero igual de relevantes en el panorama del rock nacional e incluso internacional. También toqué el bajo eléctrico y participé en conciertos y grabaciones con amigos del conservatorio profesional. Coincidimos en un festival con quien era por entonces mi profesor de análisis y bajista de Al tall, Jordi Reig. Compartir estas experiencias y gustos por cualquier tipo de música hace que valores mucho más todo aquello que la música nos regala. A fin de cuentas, todos compartimos la misma pasión. El hecho de tener un profesor que comparte las mismas inquietudes por la docencia, composición y música, me dio el impulso motivacional que necesitaba.»


El ambiente de respeto, puede que haya sido una de las claves en las bandas de música


«En las últimas décadas, las sociedades musicales han ido a rebufo de una sociedad en constante cambio. Hasta no hace mucho, algunas sociedades musicales mantenían una imagen poco renovada de sus instalaciones, programaciones o herramientas de aprendizaje para el alumnado. Esto contrasta con el caso del fútbol que, a pesar de no renovarse siempre ha sido el talón de Aquiles en las matriculas de alumnos en septiembre. En las edades en las que comienzan las enseñanzas de música, el alumnado muestra una conducta evolutiva, y las tecnologías han servido a las nuevas generaciones como un punto de referencia. Como anécdota, apuntaré que hace poco más de una década, mostré a un grupo de alumnos de elemental un vídeo de Leonard Bernstein dirigiendo la novena de Beethoven. El interés mostrado fue deficiente, ya que la imagen mostrada no era Full HD. La reacción espontánea de uno de ellos fue: “eso muy antiguo, es de cuando la tele se veía borrosa”. Para muchos jóvenes, las bandas actualmente no son ni Full HD ni 8K. Puede que, para los nacidos en mi generación, los niños de aquella época vieran las sociedades musicales también arcaicas, en blanco y negro; en cambio, para otros eran mucho más atractivas y las veíamos en alta resolución. ¿Cuál fue el ingrediente secreto para tantos de mi generación? ¿Qué descubrimos en las bandas de música que las convirtió en nuestro mejor pasatiempo? Puede ser que la clave haya sido vivir en un ambiente de respeto hacía la música desde pequeños. En mi caso, asistir a certámenes en la plaza de toros de Valencia, desfiles y conciertos en Buñol y Llíria, el sacrificio y las recompensas tras horas de estudio, constancia en ensayos y conciertos, tal vez el repertorio que se programaba, las amistades que he ido consolidando, y un largo etcétera. Volviendo al fútbol, y siendo muy breve, me atrevo a decir que actualmente el interés entre los más jóvenes ha ido en detrimento, y qué curioso que aparezcan nuevas ligas con influencers de por medio. Todos estamos expuestos a los cambios, y las bandas de música perdurarán mientras todos tengamos la inquietud de llegar a los más jóvenes, en épocas con mayor o menor éxito. En eso, parece que todos vamos unidos, trabajando para llevar la música a todas partes y despertar la pasión latente de muchos.»

La música, al igual que la vida, se compone de consonancias y disonancias


«Un consejo para aquellos que se adentran en la música: Entregarse por completo. Encuentra aquello que verdaderamente te motiva y merece la pena en música para amarlo con sus virtudes (consonancias) y sus defectos (disonancias). Desde los inicios de la polifonía, el concepto consonancia-disonancia van unidos de la mano en el discurso musical. Los inicios, estudios y carrera profesional de cada músico son así, al igual que la propia música y la vida en sí misma: una alternancia de consonancias y disonancias. Sin la asimilación de ambas, no podemos apreciar la música por completo. La sociedad de hoy está enfocada a la inmediatez, únicamente buscando el logro de aquellas consonancias, sin conceder ni asumir el fracaso de las disonancias. Con entrega y dispuestos a vivir en congruencia con una sociedad integrada en valores, la música y las bandas se convertirán en la mejor actualización social.»

Manoli Aracil

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