275 años de música en la Jefatura del Estado español. UMGR

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Unidad de Música de la Guardia Real (antigua Banda de Alabarderos).
275 años de música en la Jefatura del Estado español
Artículo de Antonio Santodomingo Molina


Al profesor concertino D. Fernando Egea Díaz-Mascaraque
En estas líneas vamos a realizar una panorámica de cómo una agrupación bandística ha acompañado musicalmente durante 275 años a una veintena de Jefes de Estado españoles desde mediados del siglo XVIII hasta la actualidad, desde Felipe V hasta Felipe VI, pasando por Manuel Azaña o Francisco Franco, entre otros. Ha vivido en regímenes políticos tan distintos como la monarquía absolutista, la Restauración, la II República, la Dictadura Militar o la Democracia Parlamentaria. Y todo esto gracias a su posición en el entorno de la Jefatura del Estado a la que debe su longevidad, llegando a ser una de las bandas de música más antiguas del mundo que ha llegado hasta la actualidad.
Génesis
La Unidad de Música de la Guardia Real (antigua Banda de Alabarderos) proviene de una Real Cédula ordenada por el rey Felipe V y firmada en Aranjuez el 4 de mayo de 1746. El objetivo de esta Real Cédula era darle a la Compañía de Alabarderos “un mayor lustre y esplendor”. Para ello se la dotó con nuevos uniformes, se retiró a los Alabarderos de menor presencia y se creó la banda de música para un “mayor lucimiento”, según las propias palabras del capitán de Alabarderos, el duque de Medinaceli:
Al Duque de Medinaceli
Habiendo puesto en noticia del Rey lo que V.E. ha presentado sobre el estado en que se hallaba la Compañía de Guardias Alabarderos del cargo de V.E. y siendo su Real ánimo se ponga en el mayor lustre y esplendor, y con motivo de haberse mandado se la dé el nuevo vestuario a cuyo efecto se ha dado la comisión correspondiente a Don Mathías de Valparda, ha resuelto S.M. que V.E. pueda excluir y despedir todos los individuos de la referida Compañía que no tuvieren buena presencia y figura, y fueren menores de la altura de dos varas y dos dedos a lo menos; y que de ahora en adelante no pueda ser admitido por V.E. ni por otro Capitán, ninguno que no sea de la expresada talla.
También ha resuelto S.M. se establezcan seis Músicos en la referida Compañía y para que su manutención y subsistencia se aplique el haber de seis plazas de Alabarderos, dejando reducidas las ciento y doce que tiene la Compañía, a ciento y seis: Todo lo que participo a V.E. para su inteligencia, y observancia en el supuesto de que con fecha de hoy he pasado el aviso que corresponde al Comisario. Aranjuez 4 de Mayo de 1746. El Marques de la Ensenada.

No siempre se la denominó de esta forma, sino que fue nombrada según transcurrían los periodos como Banda del Real Cuerpo de Guardias de la Reina, Banda Republicana, Banda de Música del Regimiento de la Guardia del Jefe del Estado y Banda y Música de la Guardia Real. Con todas estas denominaciones, la actual Unidad de Música de la Guardia Real (antigua Banda de Alabarderos) siempre ha estado ligada al protocolo de la Jefatura del Estado al igual que sus homólogas la Banda Sinfónica da Guarda Nacional Republicana (Portugal), Musique de la Garde Républicaine (Francia), United States Marine Band (USA) o The Band of the Grenadier Guards (Gran Bretaña).
Todas estas bandas de música comparten características como una gran longevidad, su participación en el aparato protocolario de las jefaturas de sus estados, así como varios cambios en sus denominaciones según los momentos históricos por los que atravesaban y no por ello dejaron de perder ni su personalidad ni sus orígenes.
Evolución organológica
La plantilla se diseñó en 1746 según el modelo del octeto de viento del Barroco tardío, es decir, la Harmoniemusik centroeuropea formada por dos oboes, dos clarinetes, dos trompas y dos bajones. Por otro lado, esta estructura era acorde con el tamaño de la compañía de Alabarderos que quedó estructurada a partir de la Real Cédula mencionada, en 106 guardias, tamaño suficiente para su servicio de seguridad en el interior del Real Palacio, ya que compartía esta tarea con el más numeroso Real Cuerpo de Guardias de Corps.
Debemos hacer un inciso para recordar que tanto el oboe como el clarinete disponían de un número de llaves que oscilaba entre cinco y doce. Cuando se inventó el clarinete, fue el mismo instrumentista de oboe el que lo introdujo en la banda, pero al poseer una mayor potencia sonora, se produjo el desplazamiento paulatino del dulce oboe por el brillante y potente clarinete. El fagot va cambiando su rol de bajo acompañante a un instrumento más melódico a medida que se le van añadiendo más llaves ya que con ello consigue más agilidad y flexibilidad. La escasa sofisticación en los sistemas de llaves de estos tres instrumentos influía en una afinación menos fiable, un timbre menos unificado en todos sus registros aunque de mayor riqueza y un menor volumen sonoro, respecto de sus descendientes actuales. Por otro lado, la trompa natural del periodo era un instrumento sin válvulas. Utilizaban un sistema de tonillos en espiral para alargar o acortar la longitud total y con ello variaban las notas particulares de cada serie armónica.

Volviendo a la plantilla, según un estadillo de personal referente a toda la compañía de Alabarderos fechado unos meses después del nacimiento de la banda y también custodiado en el Archivo General de Simancas, fueron sus primeros músicos los oboes Antonio Rosi, Pedro Panfil, Nicolás Rodríguez y Francisco Ulth, dos de ellos tocarían también el clarinete; los trompas Cayetano Sito y Jorge Sierra; y los bajones Joseph Vobadilla y Pedro Mathee.

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El primer aumento importante de la plantilla se registra en 1841 con la supresión del Cuerpo de Guardias de la Real Persona a mediados de ese mismo año, ya que algunos músicos de su banda pasan a engrosar la plantilla de la de Alabarderos. Este aumento se materializa con la incorporación de los instrumentos de percusión (influencia de las bandas turcas de jenízaros) que supone un aumento de la sonoridad y la necesidad de añadir para compensar, nuevos instrumentos como las flautas, el figle que sustituye al serpentón renacentista y que viene a reforzar a los bajones o fagotes, así como un mayor número de instrumentos de viento metal como cornetines y trombones. Este aumento instrumental hasta las 24 plazas, queda confirmado en el reglamento de Alabarderos del 16 de noviembre de 1845.
El cuerpo de Alabarderos y el escuadrón de Guardias de la Reina Isabel II se unifican en uno mismo mediante el Real Decreto de 2 de febrero de 1853, pasándose a denominar Cuerpo de Guardias de la Reina, en el que figura la banda compuesta por 30 músicos. Ya aparecen nuevos instrumentos como el clarín o la tromba, el bombardón y la bastuba, los cuales vienen a reforzar al figle en los registros graves. En octubre de 1868 con el exilio de la reina Isabel II y el comienzo del Sexenio Revolucionario, es disuelto el Cuerpo de Alabarderos y con él, su banda de música. Algunos músicos solicitan su pase a las bandas de música de infantería y otros se acogen al retiro o a la licencia absoluta.
Reorganizado el Cuerpo de Alabarderos tras la Restauración borbónica a comienzos de 1875, se publica un nuevo reglamento del Cuerpo mediante el Real Decreto de 6 de agosto de 1875. Se permite la reincorporación de los antiguos músicos a la reorganizada agrupación musical del Cuerpo que consta de un músico mayor y 30 profesores instrumentistas. También se establecen entre otras cosas, el límite mínimo de los ensayos en dos horas diarias y se adquiere nuevo instrumental, entre el que ya se cuenta con la familia de los saxofones. También se incorporan el corno inglés y la familia de los helicones, muy difundidos en estos años en Europa central y oriental, los cuales refuerzan las secciones de viento metal junto con la familia de los figles. Así pues, llegamos a 1883, año en el que sabemos la plantilla exacta de la banda gracias a unas fotografías halladas en la Real Biblioteca. Aparecen en ellas 33 profesores distribuidos en 2 flautas, 5 clarinetes incluyendo el requinto, 5 saxofones, 1 fagot, 2 cornetines, 1 fliscorno, 2 trombas, 3 trompas, 3 trombones, 1 barítono, 1 bombardino, 3 tubas, 3 percusionistas y el músico mayor.
La Ilustración musical hispano-americana publica en su número 46 de 27 de diciembre de 1889, una fotografía de la Banda de Alabarderos, por la que observamos que la agrupación está compuesta por 37 profesores incluyendo a su músico mayor Leopoldo Martín Elexpuru y a la que han añadido nuevos instrumentos como el sarrusofón bajo.

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El siguiente aumento destacable se produce por la Real Orden de 7 de mayo de 1927, pasando de las 40 hasta las 60 plazas. En esta ampliación se incorporan por primera vez la sección de cuerdas compuesta por cuatro violoncellos y dos contrabajos. En las convocatorias a estas nuevas plazas, se anuncia que es mérito preferente tener conocimientos de algún instrumento de cuerda y/o tecla, circunstancia que permite formar una orquesta de cámara con 14 instrumentistas de cuerda y contar al piano con Daniel Montorio Fajó quien tenía plaza de saxofón. En este aumento de la plantilla ha influido el hecho de que a partir de mediados de 1923, la agrupación alabardera comenzara a ofrecer conciertos por las diversas provincias españolas, muchos de ellos ofrecidos al aire libre. De esta forma, al salir del ámbito interior de Palacio, se apreció que el tamaño de la Banda de Alabarderos con 40 plazas era bastante pequeño, siendo calificada en varias ocasiones por la crítica musical, como agrupación de cámara.

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Resultante de esta ampliación de 1927, la plantilla queda formada por 3 flautas, 2 oboes, 2 requinto, 12 clarinetes, 2 clarinetes bajos, 2 fagotes, 5 saxofones, 1 sarrusofón bajo, 5 trompetas, 3 fliscornos, 4 trompas, 4 trombones, 2 bombardinos, 3 tubas, 4 chelos, 2 contrabajos, 3 percusionistas y el músico mayor. Este aumento permite el nacimiento en el seno de la Banda de Alabarderos, de los grupos de viento formados por los solistas, de una orquesta de cámara, de una jazz-band y de dos dobles quintetos de cuerda. Esta versatilidad de la plantilla permite nuevas sonoridades en busca de un sonido orquestal, una enorme ampliación del repertorio con nuevos géneros y nuevas orquestaciones, pudiendo hacer frente a transcripciones de piezas orquestales de gran dificultad técnica y con una desarrollada instrumentación. Con esta plantilla, la agrupación alabardera participa en la efervescencia artística y cultural que emana del periodo de la Edad de Plata de la cultura española, al ofrecer conciertos públicos por la mayoría de las principales ciudades españolas.
Con el advenimiento de la II República en 1931 es disuelto el Cuerpo de Alabarderos aunque el ministro de la Guerra, Manuel Azaña, tras varios días de incertidumbre respecto de la agrupación musical, declara en la prensa que la banda de música no se disuelve, sino que cambia su denominación por la de Banda Republicana, con el mismo personal, plantilla instrumental y sala de ensayos, realizando sus funciones en la nueva Jefatura del Estado y continuando con sus conciertos públicos.

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El primer concierto de esta nueva etapa es el ofrecido en el Ateneo madrileño durante la tarde del 26 de abril. El programa interpretado, exclusivamente de música española, aparece formado por la Rapsodia española de Albéniz, Noches en los jardines de España de Falla, La revoltosa de Chapí, Rapsodia de la Mancha de Emilio Vega y los dos primeros movimientos de la cantata escénica La Nochebuena del diablo de Óscar Esplá en transcripción de Emilio Vega. También se estrena El canto rural a la República española con música también de Óscar Esplá y letra de Manuel Machado, siendo interpretado por la soprano Laura Nieto y coreado por el público a la segunda audición. Finaliza el concierto con La Marsellesa y el Himno de Riego. Este concierto es retransmitido por Unión Radio y ante la ausencia de una denominación oficial para la agrupación musical, se la nombra como Banda Nacional.

Tras el fin de la Guerra Civil el nuevo Jefe del Estado firma el 7 de octubre de 1939 una Orden por la que se modifican las plantillas de su Casa Militar. Con arreglo a estas se crea una nueva denominación para la banda de música que queda encuadrada en el Batallón de Infantería de la Guardia del Jefe del Estado. Aunque esta banda de música se nutre con nueva planta de profesores ya que no se permite la reincorporación de los músicos de la Banda Republicana, asume las mismas funciones en la nueva Jefatura del Estado, además de conservar parte de su instrumental y la misma plantilla, el archivo musical y el local de ensayos.

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Con la llegada del periodo democrático, la banda registra otro cambio de denominación, siendo el de Banda y Música de la Guardia Real, la cual conserva las mismas funciones en la nueva Jefatura del Estado, el mismo personal de músicos, plantilla instrumental, archivo y sala de ensayos. En 1980 se crea una sección de pífanos que había sido suprimida en 1931, en una búsqueda de la recuperación de la sonoridad alabardera. Una nueva ampliación en 20 plazas tiene lugar a finales de la década de 1980 hasta las 72 con las que cuenta en la actualidad. Desde principios de la década de 1990, la Unidad de Música de la Guardia Real utiliza el subtítulo de Antigua Banda de Alabarderos.

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Principales Directores
Mariano Rodríguez fue el primer músico mayor del que tenemos constancia, sustituido tras su fallecimiento en 1856 por José de Juan Martínez. Este había sido cornetín en la banda del Cuerpo de Guardias de Corps y posteriormente en la de Alabarderos y tras su retiro en 1865 formó parte del claustro de profesores en la madrileña Escuela Nacional de Música y Declamación. Es nombrado nuevo director hasta 1867 José Monlleó, hermano de Manuel Monlleó, ambos profesores músicos de Alabarderos. Leopoldo Martín Elexpuru es el cuarto músico mayor y el primero cuyo nombramiento tuvo lugar después de aprobar la respectiva oposición en mayo de 1867, hasta su retiro a finales de 1891 y su posterior nombramiento como director de la Banda Municipal de Badajoz.
Tras un periodo en el que ocupa la dirección interina de la agrupación el profesor de clarinete de Alabarderos Enrique Calvist Serrano, es nombrado nuevo director a mediados de noviembre de 1895, el músico mayor Eduardo López Juarranz quien provenía del podio de la banda del Segundo Regimiento de Ingenieros. Contaba Juarranz con una larga y notoria trayectoria profesional tanto en la dirección como en la composición. Tras su repentino fallecimiento, en la primavera de 1897 gana las oposiciones para músico mayor de Alabarderos el joven cartagenero de 24 años Bartolomé Pérez Casas quien aportó frescura a la agrupación y algunas ideas nuevas como por ejemplo la obligación de presentarse a las oposiciones con los instrumentos de madera sistema Boehm, además de la inclusión paulatina en los programas de transcripciones de algunos movimientos de las sinfonías de Beethoven, así como una cada vez mayor presencia de algunas piezas originales para banda. Pérez Casas se alzó con el premio de composición de 1905, en la modalidad música sinfónica, de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid con su suite murciana ¡A mi tierra!, en el mismo año en que Manuel de Falla consiguió el mismo reconocimiento en la modalidad de ópera con La vida breve. Además, compuso gran cantidad de piezas para instrumentos solistas para las oposiciones a las plazas de Alabarderos, las cuales se guardan en la biblioteca de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Desde el nombramiento de Pérez Casas como profesor del Conservatorio de Música y Declamación de Madrid en 1911, es nombrado nuevo músico mayor, Emilio Vega Manzano quien provenía de la dirección de la Banda Municipal de Valencia. Vega ocupó un largo periodo de 26 años al frente de la banda consiguiendo numeroso éxitos nacionales e internacionales ya que a partir de 1923 la agrupación quedó autorizada a ofrecer conciertos públicos, además de sus obligaciones protocolarias en la Jefatura del Estado. También fue protagonista de la ampliación de la banda hasta las 60 plazas y autor de unas 500 transcripciones, la mayoría perdidas y las restantes, depositadas en los archivos de las bandas municipales de Valencia y Madrid y en el Archivo Musical Histórico de la Guardia Real.
El periodo de la dictadura militar a partir de 1939 comienza con Ignacio Rodríguez Rodríguez como primer director y termina con el valenciano Ricardo Vidal Tolosa. Este último fue quien lideró la única grabación discográfica de esta etapa (Ante Palacio, Philips, 1970) además de ser autor del libro De cabo músico republicano a director de la Banda de Música del Generalísimo (Edición Personal, 2010) en el que podemos leer numerosas experiencias durante su trayectoria profesional.
Desde 1976, José López Calvo es el primer director del periodo Democrático y autor del Himno de la Guardia Real. Se alzó en cuatro ocasiones con los Premios Ejército en la modalidad de composición musical. Por su docencia han pasado gran número de alumnos que posteriormente han ocupado las principales plazas de directores de bandas, orquestas y capillas. Es Caballero de la Orden del Imperio Británico y fue nombrado «Castellano Manchego» en 2006. Por su particular forma de sentir la música, ofrecía unas vigorosas interpretaciones llenas de fuerza y energía. En 1988 es sustituido por Francisco Grau Vegara, quien además de ser cofundador de la Escuela de Músicas Militares, es autor de más de 700 obras musicales de casi todos los géneros, entre ellas el arreglo oficial del Himno Nacional de España, cuyos derechos de transcripción donó al Estado. Es el autor con mayor presencia en el Archivo Musical de la Guardia Real, ya que también donó allí casi todas sus obras, además de ser el primer músico en alcanzar el grado de general en el Cuerpo de Músicas Militares. Tras su retiro en 2007 ocupó la dirección de la Banda Municipal de Albacete.
Antonio Sendra Cebolla sustituye a Grau Vegara en 2007. Había sido profesor en el Conservatorio «Jacinto Guerrero» de Toledo y con su suite sinfónica Destellos se alzó con el premio de composición «Maestro Villa» del Ayuntamiento de Madrid. Tras cumplir la edad reglamentaria es sustituido en 2010 por Enrique Blasco Cebolla quien en su década al frente de la Unidad de Música consigue crear un ambiente de trabajo que causó altos índices de fuga de experimentados profesores músicos. Indirectamente también provocó dificultades en la provisión de las vacantes resultantes por la escasa solicitud de aspirantes, además de ofrecer en los conciertos, unas interpretaciones muy frías e impersonales.
En el año 2020 es nombrado nuevo director de la agrupación el antiguo músico de clarinete-requinto de la misma, Armando Bernabeu Andreu, después de haber sido profesor en la Academia General del Aire (San Javier) y de dirigir la Escuela de Músicas Militares (Madrid). Procedente de una familia de larga tradición musical, son muy destacables sus composiciones para coro. En este sentido ha conseguido en varias ocasiones el premio «Manuel Parada» en el Certamen Internacional de Habaneras y Polifonía de Torrevieja, así como el Premio de Composición «Paco Llácer» de la Federación de Coros de la Comunidad Valenciana en su edición del 2004. Armando Bernabeu es apoyado en sus tareas por Francisco Juan Rodríguez, quien con sus grandes dotes de empatía es capaz de ofrecer interpretaciones frescas y chispeantes pero rigurosas, además de alcanzar dosis altas de transmisión y conexión muy fluida con el público.
Principales cometidos de la banda
Podemos dividir sus responsabilidades en dos grandes ramas. La primera está compuesta por una serie de actos en los que participa conjuntamente con otras unidades. Son actos protocolarios y de representación de la Jefatura del Estado como presentaciones de cartas credenciales o pontificias por parte de los nuevos embajadores extranjeros o nuncios de la Santa Sede, visitas de mandatarios extranjeros en viajes oficiales a España, rendición de honores reglamentarios, paradas militares solemnes, etc. La siguiente rama es el conjunto de intervenciones en solitario en las que llega a representar a la Jefatura del Estado y a la Guardia Real como son los conciertos públicos o las procesiones religiosas durante la Semana Santa, entre otros.
Dentro del primer grupo, el primer acto oficial en el que participa la Banda de Alabarderos tiene lugar en los festejos por la entrada pública del rey Fernando VI en Madrid. Estos transcurren desde el día 10 de octubre de 1746, y consisten en la misma entrada pública, iluminaciones, ceremonias religiosas, serenatas, banquetes, fiesta de toros, etc. En la Real Orden de 8 de octubre del mismo año sobre las instrucciones dadas a los jefes de las Casas Reales y Caballerizas así como a los cuerpos de Guardias Reales, se manda que la compañía de Alabarderos con su “música de oboes y trompas”, reciba a los reyes en la Puerta de Alcalá el día 10 de octubre, al frente de la real comitiva. El último acto de este tipo en el que participó la agrupación musical fue la jura solemne y proclamación del rey Felipe VI el 19 de junio de 2014. Después de los actos en el Congreso de los Diputados, el nuevo Jefe del Estado se desplazó hasta el Palacio Real de Madrid donde pudo saludar al público asistente y ofrecer una recepción a las autoridades del Estado. Mientras tanto, la agrupación musical ofreció un concierto público delante de la fachada de la denominada Puerta del Príncipe, después de haber participado en los honores militares.

Felipe V ya había establecido a finales de 1725 que los honores militares que se debían prestar a los nuevos embajadores y nuncio extranjeros que se acreditaban debían ser análogos a los de las Guardias Francesas y Esguízaras en la corte de Francia. Uno de los primeros actos de este tipo registrados en la prensa en los que participa la Banda de Alabarderos tiene lugar el día 30 de septiembre de 1787 en el Palacio de la Granja de San Ildefonso por parte del embajador de Turquía, Ahmet Vasif Effendi, enviado especial del Visir. El introductor de embajadores, la alta servidumbre de Palacio y la compañía de Alabarderos con sus músicos, recibieron al embajador al pie de la escalera principal para presentarle los honores que le correspondían.
En la actualidad, la presentación de las cartas credenciales tiene lugar en una ceremonia oficial en el Palacio Real de Madrid. En un mismo día, un número de entre cuatro y seis embajadores ofrecen sus credenciales. Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores se trasladan hasta el Palacio Real, donde son recibidos primeramente con los acordes del himno del país que representan. Es aquí donde se pone a prueba la pericia del responsable del archivo musical ya que debe asegurarse de que el himno que se ejecute sea el oficial en ese momento. Para ello debe hacer las respectivas consultas a través del Ministerio de Asuntos Exteriores y conseguir las nuevas particellas en el caso de que se hayan producido cambios respecto de las guardadas en el archivo.
Por otra parte, durante las visitas oficiales o de estado de mandatarios extranjeros a España, tienen lugar los conciertos al mismo tiempo que los banquetes de gala en el Real Palacio. Aunque tenemos registros desde mediados del XVIII, es a partir de la Restauración en 1875 cuando tenemos los programas de estos conciertos que se realizaban en la galería de Palacio próxima al salón de columnas o en la sala cercana al comedor rojo, también denominado comedor de diario, destinado este último para un número menor de comensales. A partir del 3 de abril de 1883 se inaugura el comedor de gala, donde se trasladan los grandes banquetes oficiales, dándose los conciertos en la actual sala de los relojes. Las piezas se interpretan como música incidental mientras discurren las cenas o almuerzos, finalizando al mismo tiempo que terminan estos.
El número de composiciones varía de entre 6 a 9 dependiendo de la duración de las mismas, ya que el tiempo total se adapta a lo que dura el almuerzo o la cena. Los programas se confeccionan con oberturas, entreactos, selecciones o números concretos de óperas, operetas y en menor medida, de zarzuelas; se incluyen varias piezas relacionadas con géneros de danza como valses, polcas, mazurcas, rigodones, gavotas, habaneras, tangos, jotas, pasodobles y sardanas; también debemos citar otros géneros musicales como serenatas, canciones, himnos y marchas. La mayoría de las obras interpretadas son transcripciones de orquesta para banda, a excepción de las marchas y algunos pasodobles, como por ejemplo el celebrado el día 19 de noviembre de 1876 en el Real Palacio, del que adjuntamos el programa.

Otro criterio de programación es ofrecer piezas que pertenezcan a compositores del país visitante o que puedan estar relacionadas con él. Un buen ejemplo es el concierto que tuvo lugar durante la visita del jeque Al Thani, emir de Catar, el 25 de abril de 2011 en el que se interpretaron piezas que evocaban la música árabe como la Marcha oriental de Javaloyes, La Alhambra iluminada de Faus, Serenata árabe de Tárrega, Danza oriental de Granados, Polka árabe de Provent y Fiesta árabe de Luigini. O componiendo piezas especialmente para la ocasión como Música para una estación de Grau Vegara basada en motivos populares nipones, con motivo de la visita del emperador Akihito de Japón en 1994.

Son numerosos los documentos que tenemos en los que podemos ver a la agrupación alabardera desfilar por la madrileña calle de San Nicolás hasta el interior del cercano Palacio Real. Esto se producía diariamente y acompañaban a los guardias para realizar el relevo en el interior. Por la escalera principal subían a paso lento hasta la galería acristalada donde tenían lugar los relevos. Posteriormente la banda de música se colocaba en el centro del patio y amenizaba con diversas composiciones los relevos de los guardias por las galerías y por el interior de las cámaras. Una vez concluido, se retiraban hasta el Cuartel de San Nicolás. Es muy importante el artículo 114 del Reglamento de Alabarderos de 5 de abril de 1924 ya que ratifica que: “La guardia de Palacio irá conducida desde el cuartel por el oficial menor de ella, practicándose lo mismo con la saliente a su regreso… Las guardias entrante y saliente subirán y bajarán a paso lento, la escalera principal de Palacio, yendo precedidos de los pífanos, tambores y música”. Esto ya sucedía desde hacía más de un siglo.
Los músicos Alabarderos tenían que tocar a paso lento mientras subían la escalera principal y a fuerza de imprimir este tempo dado por la necesidad, crearon el particular y cadencioso paso conocido como de Alabarderos. Y esto pasó con anterioridad a que el pasodoble de conciertos estuviese totalmente definido y configurado. Este elegante paso de Alabarderos fue el modelo utilizado para crear algunas obras de arte como los pasodobles La Guardia de Alabarderos de Mariano San Miguel, El Abanico de Javaloyes y muchos más con posterioridad.
El actual relevo de la guardia se recuperó el 23 de noviembre de 1994 y se realiza en la Plaza de la Armería del Real Palacio el primer miércoles de cada mes. Con un marcado carácter turístico, se sigue el modelo del cambio de guardia que realizaban por turno los regimientos de la guarnición de Madrid en el exterior del Palacio Real y no el modelo de la Guardia de Alabarderos que realizaban en el interior de Palacio. Durante el relevo también tienen lugar un carrusel o evoluciones y posteriormente, la banda de música ofrece un concierto en la Puerta del Príncipe.
https://www.youtube.com/watch?v=sbQWXqgWUjQ
https://www.youtube.com/watch?v=GjovcOX_4fo
Además de su participación en estos actos protocolarios es a partir de 1923 cuando la agrupación alabardera ofrece conciertos públicos, iniciando así la segunda rama en la que hemos dividido sus obligaciones. Es destacable señalar que estamos a comienzos de la dictadura de Primo de Rivera, que existe un gran descontento social a causa, entre otras cosas, de las guerras en las colonias españolas del norte de África; además de una acentuación en la descomposición del sistema partidista implantado desde la Restauración. Es probable que en aquel contexto se utilizara a la Banda de Alabarderos como un símbolo de la Jefatura del Estado, para buscar un mayor contacto entre la Jefatura del Estado y la sociedad civil. También es destacable cómo se subrayaba en la prensa que estos conciertos públicos tenían lugar con expresa autorización del rey Alfonso XIII, en un claro ejemplo de utilización política de la música.
Este cambio de espacio del salón palatino a la plaza pública supuso además de una proyección nacional en la que ejerció funciones de una verdadera banda estatal, un nuevo público, así como una importante evolución del repertorio hasta ese momento interpretado en los salones palatinos. Notamos una mayor presencia de autores de la escuela nacionalista española como Falla, Esplá y Sarasate. Además, se interpreta a autores coetáneos de las provincias donde tienen lugar los conciertos, con lo que se consigue una mayor complicidad y conexión entre los intérpretes y el auditorio. Una nueva característica es la incorporación de piezas de carácter virtuosístico que realzan la brillantez de la agrupación, así como la habilidad y el lucimiento de sus profesores como el interludio «El vuelo el moscardón» de la ópera El cuento del zar Saltán de Rimsky-Korsakov.
Los primeros conciertos públicos tienen lugar en la Exposición Internacional del Mueble celebrada en Barcelona a mediados de octubre de 1923. Seguirán actuaciones por toda la geografía española como sus cuatro participaciones como banda invitada en el Certamen Internacional de Bandas de Música de Valencia en sus ediciones de 1924, 1928, 1932 y 1998, abarcando tres periodos políticos bien diferentes. No terminaron aquí sus actuaciones en Valencia ya que el 9 de noviembre de 2002 participó junto con la Banda Municipal de Valencia en un concierto en el Palau de la Música con motivo del centenario de la Municipal valenciana. Interpretó piezas de gran empaque sinfónico como Rhapsody in Blue de Gershwin, Scheherezade de Rimski-Korsakov y Capricho Mediterráneo de Grau Vegara. Y un nuevo concierto tuvo lugar en el mismo auditorio el 9 de noviembre de 2006 en el que se estrenó el Concierto romántico para trompa de Grau Vegara, interpretando la parte solista Juan Antonio Pastor Más.

Dos destacadísimas efemérides musicales celebradas en Madrid son el centenario y el bicentenario del nacimiento de Richard Wagner. Los dos conciertos monográficos fueron promovidos por la Asociación Wagneriana y en ambas ocasiones participaron los músicos de la agrupación. El primero tuvo lugar en el Teatro Real el 24 de mayo de 1913 y algunos profesores de Alabarderos completaron la orquesta de la Sociedad de Conciertos de Madrid dirigida por José Lasalle. Interpretaron varias composiciones de Wagner entre las que figuraban la obertura Cristóbal Colón, compuesta por Wagner a los veinte años, o el preludio de Parsifal, obra de su última época.
El concierto conmemorativo del bicentenario fue a cargo de los músicos de la Guardia Real en el Teatro Monumental de Madrid el 23 de noviembre de 2013. «Wagner inédito» fue el lema del concierto y su objetivo era divulgar algunas obras menos conocidas del maestro alemán como Huldigungsmarsch (1864) dedicada a Luis II de Baviera, la Marcha fúnebre de Sigfrido (1871/73) de El ocaso de los Dioses, Kaisermarch (1871) dedicada al emperador Guillermo II, para celebrar la victoria alemana en la guerra franco-prusiana; las obertuas Polonia (1836), Rule Britania (1837), La Prohibición de amar o la Novicia de Palermo (1834/36) y la de Rienzi (1839/40). La calidad y el prestigio de los músicos de la banda les hicieron estar presentes en ambas conmemoraciones del nacimiento de Wagner, separadas por una centuria.

Mención especial merece el concierto conmemorativo del 500 aniversario de la fundación de la Guardia de Alabarderos que tuvo lugar el 24 de abril de 2004 en el Teatro Monumental de Madrid. Entre otras piezas se estrenó el Concierto para cinco saxofones y banda de Federico Moreno-Torroba Larregla. En la segunda parte se contó con la participación de tres coros de Torrevieja, el «Maestro Vallejo», el «Salinas de Torrevieja» y el «Maestro Casanova», interpretando varias canciones y habaneras como Yo te daré o el estreno de Un lamento es España de Francisco Grau. No era la primera vez que los coros torrevejenses colaboraban con la Música de la Guardia Real ya que durante años participaron en los conciertos temáticos incluidos en los ciclos «Primavera Musical en Palacio». Fueron fundados en 1988 y en este año 2021 se reanudan en su edición número XXXIII, después de un año en suspensión por la pandemia. Este ciclo de conciertos es uno de los más longevos que organiza Patrimonio Nacional.
Su proyección internacional comienza en julio de 1933 con la participación en el festival de músicas militares celebrado en París. El festival nace a raíz de la iniciativa del señor Wyngaard, director de los festivales de Cannes, quien cuenta con el apoyo del consejo de administración del diario L’Intransigeant, así como los patrocinios del Gobierno francés y del Ayuntamiento de París. En él participan seis bandas europeas adscritas a las casas reales y jefaturas de estado de Bélgica, de Escocia, de Gran Bretaña, de Holanda, de Checoslovaquia, de Italia y los anfitriones de Francia.
La mayoría del repertorio interpretado en los 6 conciertos ofrecidos en París son transcripciones para banda de obras orquestales. Estas abarcan desde el repertorio lírico español con piezas brillantes y populares como el intermedio del sainete lírico La boda de Luis Alonso o la jota de la ópera La Dolores, hasta el sinfonismo español con la suite murciana ¡A mi tierra! de Pérez Casas, pasando por la transcripción de Emilio Vega de la pieza virtuosística para violín y piano titulada Jota aragonesa que Sarasate compone en 1882. Estas piezas de autores españoles son combinadas con un repertorio internacional formado entre otras por la obertura La gran Pascua rusa de Rimsky-Korsakov, el preludio de Lohengrin de Wagner y el primer movimiento de la Sinfonía Patética de Chaikovsky. Los éxitos alcanzados en este festival por los músicos españoles suponen un gran reconocimiento según el importante impacto que tuvo en los principales medios periodísticos tanta nacionales como extranjeros.
El punto culminante de su proyección internacional se sitúa desde finales de la década de 1990 hasta 2007 con el inicio de la crisis económica. Londres, Milán, Niza, Turín, Mons (Bélgica), Oslo, Praga… fueron algunas de las ciudades europeas que requirieron su presencia. Mención especial merecen sus actuaciones nuevamente en París en julio de 2001. El Gobierno francés invitó a la Guardia Real española a participar en las celebraciones del 14 de julio, día de su Fiesta Nacional. La Guardia Real junto con sus músicos y varias unidades del Ejército de Francia, desfilaron por la Avenida de los Campos Elíseos durante una torrencial mañana. Además, varios conciertos fueron ofrecidos en la capital gala, como el que tuvo lugar en el Hôtel National des Invalides, promovido por la International Military Music Society (France).

Otros actos en los que participa la agrupación musical son inauguraciones de monumentos o infraestructuras como la inauguración del ferrocarril que une Madrid con Aranjuez el día 9 de febrero de 1851; o los cortejos fúnebres de los entierros de Ramón Carnicer y de Pedro Albéniz ambos ocurridos en 1855 con pocas semanas de diferencia. También en desfiles solemnes como el del Día de la Fiesta Nacional del 12 de octubre, entre otros muchos.
De esta manera hemos resumido las principales funciones en las que participa la agrupación musical en los actos protocolarios como son las proclamaciones de los nuevos Jefes del Estado, la presentación de las cartas credenciales de los nuevos embajadores, la visita a España de los mandatarios extranjeros, cambios de guardia en el Palacio Real, entre otros.
Por otro lado, hemos presentado una pequeña muestra de los conciertos públicos desde 1923, en los que llega a representar a la Jefatura del Estado y a la Guardia Real, tanto en España como en el extranjero. En ellos se ha labrado un importante prestigio nacional y una destacada proyección internacional.
Discografía
Los primeros registros fonográficos de la agrupación alabardera aparecen en cilindros de cera a finales de la década de 1890. Pronto empiezan a publicar en discos de pizarra de 78 rpm. hasta comienzos de la Guerra Civil en que se interrumpen sus grabaciones durante décadas. En este periodo de casi 40 años hemos contabilizado un total de 152 registros, de los cuales 30 aparecen en cilindros de cera por la Sociedad Fonográfica Española Hugens y Acosta, y las 122 restantes, en discos de pizarra de 78 rpm. por las compañías Gramophone, Odeón, Parlophon, Regal y Columbia.
Los compositores españoles interpretados en las grabaciones de este periodo superan el 55% del total liderados por Barbieri, Chapí y Bretón. A estos les sigue una importante presencia de autores vivos como Emilio Vega con su Serenata manchega, Jesús Guridi con la ezpatadanza de la ópera Amaya o Salvador Giner con el poema sinfónico Una nit d’albaes. Esto último nos ofrece como resultado una base de compositores en constante renovación, alejada de la endogamia y de una cristalización del repertorio.
Los compositores extranjeros representan algo más del 45% restantes, con un importante predominio de los franceses y seguidos a bastante distancia por los alemanes. Saint-Säens es el autor con mayor presencia seguido por Wagner, en un claro ejemplo de alineación con el wagnerismo propio de la época. Destacan algunas piezas como el coro y bacanal de Samson et Dalila y el preludio del oratorio Le Délugue de Saint-Säens o la gran marcha de Tannhäuser y la cabalgata de la ópera Die Walküre de Wagner.
Casi un 70% de las piezas son transcripciones de música escénica y sinfónica. Cabe subrayar títulos como la fantasía de la comedia musical La Geisha de Sidney Jones, el vals de la opereta La viuda alegre de Franz Lehar, una selección de la zarzuela Pan y toros de Barbieri, la marcha fúnebre de Götterdämmerung de Wagner, así como el fragmento del dúo de Samson et Dalila de Saint-Saëns. El 30% de composiciones restantes son originales para banda de música entre las que podemos destacar la barcarola Angelita de Pérez Casas, la polca Los tercios españoles de Martín Elexpuru, el capricho sobre temas españoles Ecos de España de Mariano San Miguel, así como el himno Canto rural a España de Manuel Machado y Oscar Esplá, con la participación de la soprano Laura Nieto.
Entre los rasgos estilísticos de estas grabaciones sobresale la búsqueda de la libertad interpretativa, un ambiente de espontaneidad y un conjunto sutilmente impreciso. La utilización constante del rubato expresivo supone un intento de emancipación de la partitura en esa constante búsqueda de la libertad interpretativa y de la espontaneidad. También se utiliza una falta muy sutil de coordinación entre la melodía y el acompañamiento con el fin de provocar situaciones de leves desfases o dislocaciones. Se busca la variabilidad y la disparidad al repetir una misma frase o articulación, al introducir ligeros y leves toques diferenciadores al repetir esa misma frase o articulación. La fluctuación en el pulso se obtiene mediante pequeños tenutos o ligeras aceleraciones entre la melodía y el acompañamiento. Esto provoca un conjunto levemente impreciso aunque por otro lado, una gran flexibilidad y fluidez en el tempo.
Desde el primer lustro de la década de 1930 no aparecen más registros fonográficos hasta Ante Palacio (Philips, 1970). Se trata de una selección de pasodobles, marchas e himnos relacionados con el espíritu militar y el ensalzamiento de la moral castrense. Observamos una total desconexión con la tradición musical alabardera que en el siguiente registro, Parada Real (Phiplips, 1985) se intenta recuperar con algunos pasodobles relacionados con el paso de Alabarderos como La Guardia de Alabarderos de Mariano San Miguel, El Abanico de Javaloyes o la Marcha Real Fusilera en adaptación de José Torregrosa.
Primavera Musical en Palacio y Primavera Musical en Palacio II (Patrimonio Nacional, 1990 y 1991) se editan como una pequeña recopilación de los programas que se interpretaron en la segunda y tercera edición del ciclo de conciertos homónimo de Patrimonio Nacional por la Unidad de Música de la Guardia Real. En estos primeros registros del periodo en que ocupa la dirección de la banda Francisco Grau Vegara, ya deja constancia de sus dotes para la composición al incluir piezas como Evocando unas tierras, Astorga, El cuervo blanco o Soldados para la paz.

Es a partir de esta década de 1990 cuando la producción discográfica es más abundante, sobre todo con el género pasodoble, abarcando desde el taurino hasta el pasodoble de concierto o el transcrito de los géneros escénicos. Son cinco los principales títulos que podemos destacar como Selección de pasodobles (Ediciones Senador, 1993), Relevo en Palacio (Patrimonio Nacional / RTVE, 1995), España en pasodobles (Patrimonio Nacional / RTVE, 2001), Pasodobles taurinos (Pasarela, 2002) y Suspiros de España (Patrimonio Nacional / RTVE, 2003).

Cuatro registros importantes en los que la conmemoración determina las piezas elegidas son Concierto extraordinario (Junta de Festes de Castelló, 2002) fruto de su participación en el 750 aniversario de la fundación de la ciudad de Castellón, en el que se interpreta entre otras el pasodoble Magdalena Festa Plena de P. Guzmán; Inauguración del Aula de Música Reina Sofía (Guardia Real, 2004) con motivo del estreno de los nuevos locales de ensayo en el Campo del Moro del Real Palacio con la asistencia de la reina Doña Sofía, en el que aparecen piezas con una mirada historicista desde el siglo XV hasta el XXI; Bandas de Música en el Congreso de los Diputados (RTVE Música, 2006) con motivo de su participación en las jornadas de puertas abiertas del Congreso; y Música para una Conmemoración (Publicaciones de Defensa, 2007) con motivo del 30 aniversario de la creación del actual Ministerio de Defensa, con piezas de corte militar como la Suite Militar Española nº 1 de Grau Vegara.
Las marchas procesionales también cuentan con varios registros como Semana Santa en Ceuta (Harmony, 1999); Semana Santa en Cartagena (Harmony, 2004), Concierto Homenaje a D. José López Calvo (Patronato Universitario «Cardenal Gil de Albornoz», 2009) o Concierto en la Catedral Castrense (Guardia Real, 2010). En ellos podemos observar cómo la agrupación musical ofrece las sutiles diferenciaciones entre las marchas procesionales andaluzas, murcianas o conquenses.
Fruto de su participación en el Bicentenario de los Sitios es el libro-disco Los sitios de Zaragoza. Tarjetas postales y música (LCD-PRAMES, 2008) cuyo contenido es una selección del concierto ofrecido en el Auditorio de Zaragoza en la presentación de los actos sobre el bicentenario a comienzos de 2008. Todas las piezas están relacionadas con la ciudad como la marcha Zaragoza de Ramón Roig, Una noche en Calatayud de Pablo Luna, la Marcha de Juan II del Himnario de Zaragoza o las jotas de La Dolores de Tomás Bretón o ¡Viva la jota! de Pascual Marquina.
El éxito de esta edición le valió su presencia en el cuarto volumen del ciclo de libro-discos La jota ayer y hoy. La jota en la música clásica 4 (LCD-PRAMES, 2011) en el que se insiste en la presencia de la jota aragonesa en la obra de destacados compositores españoles como Manuel de Falla, Fernández Caballero o Pablo Luna; pero también autores extranjeros como Mihail Glinka o Emmanuel Chabrier, quienes fueron cautivados por el exotismo del folclore español. De Glinka interpretan su Jota aragonesa-Capricho Brillante (1848) y de Chabrier, su rapsodia de concierto España (1883) que incluye una imponente jota aragonesa.
En sus grabaciones desde comienzos de la década de 1980 observamos un intento de recuperación de la tradición musical alabardera, una disminución de la inclusión de piezas de autores coetáneos lo que provoca una menor riqueza en el repertorio, una mayor presencia de autores españoles por el predominio de los géneros como el pasodoble o la marcha procesional, un mayor índice de piezas originales para banda en detrimento de las transcripciones desde la orquesta, así como un estilo interpretativo menos espontáneo y mucho más encorsetado por las indicaciones de la partitura.
Conclusión
La Unidad de Música de la Guardia Real (antigua Banda de Alabarderos) que acaba de cumplir el 275 aniversario de su fundación es la gran dama de las agrupaciones instrumentales españolas y una de las más antiguas del mundo, que ha llegado operativa hasta la actualidad. Es un gran yacimiento arqueológico vivo del que podemos rastrear la evolución organológica y de las plantillas bandísticas desde mediados del siglo XVIII hasta la actualidad.
El estudio de sus conciertos es una importante muestra donde observar el auge de las transcripciones orquestales, su evolución hacia una mayor presencia de las piezas originales para banda, el estudio de los criterios de programación y en base a qué elementos se utilizaban, así como las variaciones según los espacios y los motivos de estos.
Sus registros fonográficos han pasado por todas las fases de la grabación, desde el limitado proceso de grabación mecánica mediante campanas o pabellones acústicos de finales del XIX, hasta los procesos digitales más modernos, pasando por la grabación eléctrica de principios de la década de 1920. Este largo trayecto nos ha permitido sacar algunos rasgos sobre su estilo interpretativo y comparar el repertorio con el interpretado en los conciertos.
Bibliografía:
• “Real Cédula de 4 de mayo de 1746”, Archivo General de Simancas, sección Secretaría de Guerra, legajo 84.
• “Estado en que se manifiesta el todo de la Real Compañía de Guardias Alabarderos… hoy 27 de Noviembre del año de 1747”, Archivo General de Simancas, sección Secretaría de Guerra, legajo 85.
• “Real Orden de 8 de Octubre de 1746 sobre entrada pública en Madrid del rey don Fernando VI”: Archivo General de Simancas, sección Secretaría de Guerra, legajo 5453.
• “Wagner inédito. Concierto conmemorativo del Bicentenario de su nacimiento” (programa de mano), Asociación Wagneriana de España, Teatro Monumental, 23 de abril de 2013.
• Fernández de Latorre, Ricardo (2000). Historia de la música militar de España. Madrid, Ministerio de Defensa.
• Folch Martínez, Eva María (2018). Centro docente de música militar en España: origen, creación y trayectoria (tesis doctoral). Universidad de Salamanca.
• Rabasco Ferreira, Rafael (2017). «Protocolo y ceremonial en la presentación de cartas credenciales, en el ámbito de las relaciones diplomáticas», en Revista Estudios Institucionales, UNED, vol. 4, nº 6, pp. 29-48.
• Vidal Tolosa, Ricardo (2010). De cabo músico republicano a director de la Banda de Música del Generalísimo. Madrid, Edición Personal.

4 COMENTARIOS

  1. Estimado Sr. Santodomingo;
    Mi enhorabuena por este trabajo de investigación sobre la que hoy es la Unidad de Música de la Guardia Real con motivo de esa efeméride. Pudiera haber sido un brillante ensayo que, en mi modesta opinión, queda empañado por unas líneas a las que no encuentro justificación y que al llegar a su lectura, provocaron en mí gran desconcierto y desazón, llegando finalmente a una gran decepción, que finalmente me llevó a dudar de la objetividad de su trabajo (no en vano, por eso lo catalogo anteriormente como «ensayo»). No entiendo qué motivos le lleva a plasmar «negro sobre blanco» esa feroz y gratuita crítica al Sr. Enrique Blasco, a no ser que sea fruto del rencor u otros que, sinceramente desconozco. Es más que evidente que sus palabras son totalmente ajenas al contexto y discurso narrativo que acontece a lo largo de su trabajo y que proponía al «ilusionante» comienzo de éste. Como dije anteriormente, desde mi modesta opinión, y por supuesto, sin pretender ofenderle. Un saludo.

  2. Sr. Julio C. Ruiz:
    Muchas gracias por leer mi artículo.
    Su mensaje no me ofende, todo lo contrario. La crítica y el intercambio de opiniones enriquecen y nos hacen mejores, incluso las palabras que emanan desde el compañerismo aderezado con importantes dosis de corporativismo, que no digo que sea su caso.
    Espero y deseo que se haya recuperado del «gran desconcierto y desazón» que le provocó la lectura de las líneas aludidas.
    Reciba un cordial saludo.
    A. Santodomingo

  3. Estimado Sr. Santodomingo.
    Muy agradecido al recibir su interesante réplica. Me satisface comprobar que es fiel a los principios deontológicos de investigador y ha consultado las fuentes adecuadas y fiables para informarse de un servidor.
    Compañerismo y sobre todo respeto, el mismo que le debo tanto a la persona referenciada, como a sus predecesores, de los que he tenido el inmenso privilegio de ser alumno.
    Efectivamente, ya estoy recuperado del sobresalto y «desconcierto» inicial, pues afortunadamente el paso tiempo y ciertas dosis de ironía, contribuyen a ello sobremanera. En cualquier caso, gracias por su interés.
    Por mi parte, pongo fin a este pequeño intercambio dialéctico, pues en definitiva y como bien apuntó, siempre resulta enriquecedor y en beneficio de la Música.
    Quedo a su disposición.
    Un afectuoso saludo.

  4. Sr. Julio C. Ruiz

    Si bien es cierto que el sentimiento de pertenencia a un grupo u organización aporta altos valores como el compañerismo y el respeto, también es cierto que la necesidad de defender a uno de sus individuos o el corporativismo puede llegar a provocar «una actitud de defensa a ultranza de la solidaridad interna y los intereses de sus miembros» (definición de la Real Academia Española); o una «tendencia a defender a toda costa sus intereses y derechos de grupo, sin tener en cuenta ni la justicia ni las implicaciones o perjuicios que puedan causar a terceros» (definición del Oxford Languages); que por otro lado, no digo que sea su caso.

    Lástima que no hayamos podido hablar sobre alguno de los asuntos musicales en referencia a esta gran dama de las bandas de música españolas como es la Unidad de Música de la Guardia Real (antigua Banda de Alabarderos). O de cualquier otro asunto de su agrado en referencia a la investigación musical, de la que por sus palabras deduzco que es usted amigo y partidario.

    Reciba un cordial saludo
    A. Santodomingo

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