LA MALA FORMA DE SUBSISTIR

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La escasez de economía lleva a las bandas de música a que sus integrantes tengan que trabajar de forma altruista. Una sociedad eleva mucho el gasto de sus instalaciones, escuela, profesorado, instrumental… tantas necesidades para conseguir sus objetivos dentro del sistema educativo que se enfrenta a las legalidades que se les exige, por ello una de sus casi únicas salidas es ejercer el trabajo de contratas callejeras que a su vez se vuelven en contra de sus pretensiones, el educar a los niños hacia la cultura y no hacia una sociedad que se mueve por dinero. Esta pescadilla que se muerde la cola se convierte en sí en una encrucijada para salir adelante, tener que recoger gastos sin desvirtuar la educación.
Las salidas en festividades no son las más adecuadas para cualquier niño, las muestras de la sociedad en que se ven envueltas esta clase de actuaciones, para los menores no es la mejor imagen, es algo que nos acostumbramos a ver, pero bien analizado conlleva muestras sociales con malos ejemplos, nada adecuados ni envolventes para los menores, vida de fiesta incongruente que no acapara buena imagen en la sociedad.
Uno de los grandes problemas es que las instituciones no valoran el trabajo social de las bandas de música en cuanto al sistema educacional. ¿Cómo pueden sobrevivir las instituciones de este tipo si no se autoabastecen de economía por sí solas?
Quizás una de las respuestas son los propios intereses gubernamentales, ya que a estos les favorece las gestiones propias de las bandas de música, mientras se abastecen ellas solas, si se autogestionan económicamente , no hace falta recurrir ni solicitar demasiadas ayudas económicas. Y si es el caso que sí se les concede…, mientras vayan subsistiendo con mínimas cantidades comparadas con sus presupuestos, resulta un problema menos grave.
Uno de los grandes problemas interiores de las sociedades musicales son el nacimiento de las propias charangas, esos músicos que cuando ya poseen un nivel avanzado, proyectan su educación al beneficio propio, es una de las salidas más fáciles y accesibles. Algo que a la sociedad musical se les vuelve en contra, ya que esos músicos por los que han apostado para engrandecer el nivel cultural, escogen una vía de escape diferente que no favorece para nada el plano artístico.
Quien dice que la música es un trabajo, efectivamente lo es, pero con muchas variantes. Un niño no comienza sus estudios en la escuela de una banda de música con la ilusión de callejear, de prestar sus servicios a ese tipo de contratas que lógicamente son los posteriores ingresos de las bandas, pero las sociedades tienen pocas formas de buscar ingresos para su subsistencia.
Manoli Aracil

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