Cancelar es la opción más cómoda, pero hay que buscar soluciones para levantar el telón

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El Teatro Real fue el primer coliseo operístico occidental en abrir sus puertas tras el confinamiento. Lo hizo durante el mes de julio con unas representaciones semi-escenificadas de «La traviata» que otros teatros internacionales miraron con tanta envidia como atención. Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real, se tatuó en aquellos días una frase: «La normalidad hay que conquistarla», que repetía en forma de arenga. La normalidad, ahora, se traduce en comenzar la temporada: si todo sigue igual, será el viernes 18, con la ópera de Verdi «Un ballo in maschera». 

La normalidad, sin embargo, cuenta Joan Matabosch, es ahora algo distinta. A las dificultades de poner una ópera en pie se suman ahora obstáculos como la imposibilidad de algunos cantantes de viajar a España o inconvenientes como la necesidad de hacer pruebas periódicas al personal o adecuar las producciones a las actuales circunstancias. «Lo que en otras épocas era sencillo o automático requiere ahora otra logística, pero las dificultades añadidas no nos parece motivo para cancelar. Se puede encontrar una manera de abrir el teatro y hay que hacer el esfuerzo para adaptarnos y llevar a cabo los espectáculos, aunque sea con limitaciones tanto en la escena como en el patio de butacas. Evidentemente, si no queda otra alternativa, como en el confinamiento, habrá que cancelar: la prioridad es la salud de todo el mundo: artistas, técnicos, cantantes y público». 

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