Home Concursos Pablo Ferrández puede ganar el ‘mundial’ de la música clásica

Pablo Ferrández durante un momento de su actuación

Pablo Ferrández durante un momento de su actuación EL MUNDO

El violonchelista de 24 años Pablo Ferrández se convirtió ayer en el primer español en llegar a la final del prestigioso Concurso Internacional Tchaikovsky, que se falla mañana.

Decía Rostropóvich que antes de tocar las suites de Bach uno debía pedir perdón. No se disculpó, sin embargo, el violonchelista Pablo Ferrández (Madrid, 1991) durante una de las rondas del Concurso Internacional Tchaikovsky que se celebra estos días en San Petersburgo. Su interpretación de la ‘3ª suite’ de Bach entusiasmó al jurado y le catapultó a la final del pasado domingo. Nunca antes un español había llegado tan alto en estos juegos olímpicos de la música clásica, cuya decimoquinta edición (que dirige el todopoderoso Valery Gergiev) celebra el 175 aniversario del nacimiento de Tchaikovsky.

Tras medirse a más de 600 aspirantes, con obras a solo, con piano y con orquesta de Prokófiev, Brahms, Paganini o Haydn, el músico madrileño alcanzó el famoso ‘top 6’ de la competición, junto a otros dos intérpretes rusos, un rumano, un holandés y una surcoreana, todos veinteañeros. En la retransmisión en directo de la final (vía medici.tv), se le veía sereno y confiado. “Después de mis tres actuaciones anteriores, mi objetivo era salir a hacer música y tratar de emocionar al público“, concede Ferrández a EL MUNDO. “Estoy satisfecho y contento con el trabajo realizado. He controlado los nervios en todo momento y he conseguido disfrutar de cada minuto sobre el escenario. Ahora todo está en manos de los jueces”, que anunciarán al ganador mañana, 30 de junio.

El programa del concierto, el que podría abrirle las puertas de las grandes salas del mundo, estaba compuesto por dos monumentos del sinfonismo: ‘Las Variaciones sobre un tema rococó’, de Tchaikovsky, obra obligatoria de la fase final, y el ‘Concierto para violonchelo y orquesta de Dvorák’, de una fuerte carga emotiva y simbólica para Ferrández. Su padre, también violonchelista (toca en la Orquesta Nacional de España), tenía 18 años cuando escuchó esta obra en la mítica grabación de Pau Casals. “Iba para científico y entonces decidió ser músico. Sabía que era un poco tarde, pero aun así lo consiguió. Desde entonces, la obra de Dvorák ha sido una especie de talismán para mi familia“.

Quien dice familia dice orquesta de cámara. Su madre es guitarrista profesional y profesora de música (ha patentado un método que trabaja el oído absoluto en niños) y su hermana pequeña, la violista Sara Ferrández, acaba de ocupar uno de los atriles del festival suizo de Verbier. “Con el tiempo he aprendido a no ser supersticioso y a no buscar señales del destino”, se sincera el chelista tras el concierto. “Pero no ha sido fácil: me llamo Pablo por Pau Casals y nací el mismo día en que se estrenó, cien años atrás, el Concierto para violonchelo de Dvorák“.

Concierto que ha escuchado mil veces en la famosa versión discográfica que legaron Rostropóvich y Karajan al frente de la Filarmónica de Berlín. “Para mí Rostropóvich encarna las auténticas y verdaderas cualidades de un intérprete, cuya labor no consiste en leer pentagramas y en tocar notas sino en emocionar y remover por dentro, o dicho de otro modo: en tocar la fibra de la gente”. Tanto es así que durante el movimiento final del Concierto de Dvorák no estaba claro si lo que le recorría la mejilla era una gota de sudor o una lágrima. “Me gusta pensar que fue una mezcla de ambas, una conjugación de sensibilidad y esfuerzo”.

Durante su intervención en el ‘Grand Hall’ de la Philharmonia de San Petersburgo, Ferrández supo sacar lo mejor de su Lord Aylesford, un chelo Stradivarius construido en 1696 y valorado en 7 millones de euros. “Gracias a un préstamo de la Nippon Music Fundation, puedo tocar un instrumento que en su día perteneció no sólo al noble inglés del que recibe su nombre, sino a dos de los grandes violonchelistas de todos los tiempos: Gregor Piatigorskyy y Janos Starker”. El que fuera, hace no mucho, alumno de Natalia Shakhovskaya en la Escuela Superior de Música Reina Sofía que dirige Paloma O’Shea ahora sueña con debutar como solista en la Philharmonie de Berlín. De momento se lo ha puesto difícil al gran jurado, liderado por el carismático Mischa Maysky.

Fuente ElMundo

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