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La Segunda Sinfonía de Mahler, Resurrección, escrita a mano por el propio compositor, ha superado los 5 millones de euros en una subasta celebrada esta mañana por Sotheby’s.


 

El manuscrito de la Segunda Sinfonía de Gustav Mahler, conocida como Resurrección y considerada una de las mayores obras sinfónicas de todos los tiempos, ha establecido un nuevo récord para un pergamino musical al alcanzar los 4,5 millones de libras (5,3 millones de euros) en una subasta celebrada esta mañana en la sede de Sotheby’s en Londres. La pieza ha superado con creces las expectativas que se establecían en un millón menos del precio final y también los registros previos. Los únicos manuscritos autógrafos comparables de obras sinfónicas vendidos en subasta son, el célebre manuscrito de nueve sinfonías de Mozart, que alcanzó 2,5 millones de libras en 1987, y el manuscrito de la Segunda Sinfonía de Robert Schumann, vendido por 1,5 millones en 1994.

Las páginas de la Sinfonía, estrenada en Berlín en 1895, contienen una obra monumental que mantiene en tensión durante 90 minutos a una orquesta de 90 integrantes, una soprano, una solo alto, un coro y un órgano. Se trata de una de las composiciones más largas y accesibles entre las creaciones de Mahler, que empezó a empezó a escribirla en 1888, cuando no había estrenado todavía su Sinfonía n°1, y fue “la primera gran obra que vio al compositor enfrentarse a los temas universales de la vida y la muerte, tan característicos de su obra”, explica Simon Maguire, especialista en libros y manuscritos de la casa de subastas londinense. Afectado por la pérdida de varios hermanos cuando era pequeño, Mahler hizo de la muerte uno de sus temas favoritos siendo esta la primera obra importante que vio al compositor enfrentarse a los temas universales de la vida y la muerte, tan característicos de su obra.

En una carta escrita en 1896, el compositor bohemio-austriaco describió el desenlace de la sinfonía en estos términos: “no hay Juicio Final, no hay almas salvadas ni condenadas; ¡No hay hombre justo, no hay malhechor, no hay juez! Todo ha dejado de ser. Y comienza suavemente y simplemente allí: “Aufersteh’n, ja aufersteh’n” (el coro de la Resurrección: “Levántate de nuevo, sí levántate”).

El manuscrito, compuesto por 232 páginas y escrito de propia mano por el compositor, completamente inalterado, sin recortar y sin encuadernar – incluyendo deleciones, alteraciones y anotaciones, muchas en vívido crayón azul. El trabajo conserva la forma en que Mahler lo dejó, reflejando y revelando el proceso compositivo para la obra. Varias veces se ha insistido desde Shoteby’s en su importancia. “Ninguna composición completa de Mahler, escrita a mano por el compositor, ha sido ofrecida en una subasta antes y probablemente ninguna volverá a ser ofrecida de nuevo. Esta es una oportunidad única de adquirir un manuscrito de importancia histórica excepcional”, recalca Maguire.

Páginas del manuscrito con anotaciones de Mahler

El legajo malheriano se hace aún más notable por su peculiar procedencia. Desde 1984 estuvo en posesión del economista y empresario estadounidense Gilbert Kaplan (1941-2016), quien habiéndose encaprichado con la Sinfonía al verla representada en el Carnegie Hall de Nueva York en 1965, dedicó su vida a realizar su sueño de dirigir la pieza con las mejores orquestas del mundo. Kaplan compró la partitura original a la Fundación Mengelberg, responsable del legado del director de orquesta y amigo de Mahler Willem Mengelberg, quien la recibió en 1920 de manos de la viuda del compositor. El empresario, cuya obsesión le llevó a estudiar dirección de orquesta dirigió la sinfonía, estrenada en 1895 en Berlín, más de cien veces a lo largo de tres décadas, en escenarios como los Festivales de Salzburgo y en el Musikverein de Viena y, entre otras, con la Orquesta Sinfónica de Baviera.

“Tenía 25 años cuando escuché la Segunda Sinfonía de Mahler por primera vez. Cuando abandoné la sala después del concierto, era otra persona (…) Cuando la escuché por primera vez me sentí como si me hubiera atravesado un rayo. Salí de esa sala una persona diferente”, declaró Kaplan en multitud de ocasiones. Posteriormente, citó que “Mahler’s Second envolvió sus brazos alrededor de mí” y dijo al Boston Globe que “no ha habido nada que me pusiera en órbita como lo hizo”. Recurriendo a la ayuda de los principales conductores del mundo, trabajó incansablemente para aprender, desde cero, cómo llevar a cabo la pieza (una hazaña que se ha comparado con escalar el Monte Everest). En el curso de tres décadas, esta transformación improbable vería a Kaplan interpretar la pieza más de 100 veces en todo el mundo. 

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