Home Directores Jordi Bernàcer, un español en el corazón de la Ópera de San...

Jordi Bernàcer pasa seis meses al año en la costa Oeste de EEUU como director residente de la Ópera de San Francisco

Su impresionante bagajele ha abierto las puertas de este teatro, donde tiene previsto dirigir este año cuatro producciones junto a Nicola Luisotti

 

Jordi Bernàcer (Alcoy, 1976) le gusta caminar. Por eso, cada día recorre los casi dos kilómetros de distancia entre su piso -cerca del Golden Bridge Park– hasta el War Memorial Opera House, el lugar donde trabaja durante seis meses al año, desde que en agosto de 2015 fue nombrado director residente de la Ópera de San Francisco. «Es una de las pocas oportunidades que tengo de conocer la ciudad, pues al estar centrado en el trabajo he hecho poco de turista. Me gusta, es una ciudad cómoda, con unas dimensiones muy humanas y una oferta increíble. La calidad de vida es estupenda…Eso sí, ¡carísima!».

Su llegada a este teatro, uno de los más prestigiosos del mundo, supone un peldaño más en una meteórica carrera que le ha llevado a trabajar con los mejores:Daniel BarenboimLorin MaazelRiccardo ChaillySir Andrew DavisValery GergievZubin Mehta o Georges Prêtre, entre otros.

«Cada uno de ellos me ha aportado algo diferente. Todos son grandes maestros, pero muy diferentes entre sí», asegura. Y hablando particularmente de ópera, añade que de todos aprendió su «concepto práctico» del mundo del teatro. «Dirigir una ópera es muy diferente a trabajar con una orquesta sinfónica. Como director de orquesta trabajas una semana con ellos, los conoces, se ensaya, se da un concierto o dos y ya está. En la ópera hay muchísimos más componentes implicados. Los periodos de preparación son superiores, hay coros, un trabajo importante con el director de escena, ajustarse a las necesidades puntuales de cada cantante. Es todo muy abierto y muy práctico, no te puedes perder…Y estos maestros me han ayudado a encontrar soluciones concretas y rápidas a los problemas que surgen en algo tan complejo», indica.

Hasta 2017 Bernàcer trabajará codo con codo junto al director musical de la Ópera de San Francisco, Nicola Luisotti, en las diferentes producciones que se lleven a cabo. No ejerce como director asistente, -labor que ya asumió en esta misma casa en 2010-, sino que forma parte de la propia estructura del teatro, participa en las audiciones para nuevos músicos de la orquesta… «tengo un compromiso mayor», añade.

Además, puntualmente, su labor le permite trabajar en otras producciones como la ‘Carmen’ de Bizet con la que debutó en la Ópera de San Francisco en julio del pasado año. «Fue un arranque muy español», apunta riendo. «La verdad es que se trata de un montaje muy especial, con esa escenografía de Calixto Bieito, con los legionarios, los toros de Osborne… La producción viene del Liceo y allí ya funcionó porque aunque es moderna, es también respetuosa con el libreto y con la música. Está muy bien lograda y aquí fue acogida estupendamente».

La mitad del año en el que su contrato norteamericano le libera, Jordi Bernàcer vuelve a casa, a su Alcoy natal o a Valencia, en cuyo Palau de Les Arts dirigió a la Orquesta de la Comunidad Valenciana y donde aún conserva su piso. También participa como freelance en otras producciones, como este mes de julio, cuando dirigió ‘La Traviata’ en el teatro griego de Taormina (Sicilia).

En estos momentos se encuentra inmerso en los ensayos de ‘Andrea Chénier’, la ópera de Umberto Giordano con la que el teatro inaugura temporada el 9 de septiembre. «Aunque no es una obra de las más representadas, conocida sobre todo por las arias de los tres protagonistas, es muy interesante en conjunto. Además, contamos con la formidable producción escénica de Sir David McVicar, que logra transmitir a la perfección todo el episodio de la Revolución Francesa».

Aprovecha la entrevista para recorrer las diferentes estancias de este teatro, inaugurado en 1932, un cuarto de siglo después del gran terremoto de 1906. «San Francisco tiene mucha personalidad y atesora su historia, especialmente por todo lo que ocurrió tras el terremoto. Eso ha creado unos vínculos muy potentes y lo vemos en todas las instituciones que surgieron a partir de ese punto de inflexión, como el propio teatro. Por aquí han pasado todos los grandes cantantes del siglo XX y eso lo notas en el público y en la ciudad. Es un teatro muy implicado en el tejido social», apunta.

Por los pasillos, se dirige a sus compañeros en español, inglés, francés e italiano. La multiculturalidad destaca en esta gran familia teatral y en esta gran ciudad. «Ambas me han acogido con los brazos abiertos. Estoy muy satisfecho» reconoce.

UN MAESTRO ENTRE DOS MUNDOS

¿Ópera u orquesta sinfónica?
«Me gusta decir -y así lo siento, de verdad-, que necesito ambas porque una complementa y enriquece a la otra. No me gusta definirme como director sinfónico o director de ópera, sino que pienso que el trabajo diario con la voz humana hace al director comprender la música de una manera que puede aportar mucho también al sinfónico, y al contrario. Son complementarios y eso está muy bien. Me gusta ese equilibrio».
¿Es la Ópera elitista?
No. Afortunadamente esas son inercias que se rompen desde hace tiempo. Diría que el principal escollo es generacional. Y en ese sentido, aunque en Europa hay situaciones distintas y las instituciones se esfuerzan muchísimo, sí he notado diferencias entre el público europeo y el norteamericano. En Estados Unidos el público es bastante más joven, en general.
¿A medida que aparecen nuevos directores, cambian las modas?
Desde el punto de vista puramente artístico e interpretativo, el aspecto generacional no influye. Es decir, una nueva hornada de directores ‘jóvenes’ no implica que se vayan a imponer nuevas modas. La dirección es algo íntimamente ligado con la personalidad de cada uno y con su experiencia, con la formación que cada uno recibe, con los caminos interpretativos que escoge. Otra cosa es el papel que juega la música en nuestra sociedad y eso sí está cambiando de una forma increíble.

Deja un comentario